JUICIO AL INVASOR

Antecedente 99 99 99

El juicio del invasor despertó una enorme expectación. Era la primera vez que se juzgaba a una persona del Estado I. En todo un siglo de guerras nunca había habido prisioneros, tampoco había habido espías y la relación con el enemigo durante los periodos de lucha se limitaba a invadir su territorio y dejar en él el mayor número posible de muertos. No había ninguna relación diplomática, ni intercambio de ningún tipo de producto. Cada estado tenía su autonomía vital: alimentaria y energética. Eran dos estados que solo se relacionaban en la lucha. Desde que finalizó el tiempo del desastre y los sabios de ambas partes alcanzaron el acuerdo de mínimos la única relación que existía entre ambos estados era la guerra según las normas pactadas.

Durante el periodo de formación ciudadana la única referencia que se hacía sobre el Estado I era la de Estado enemigo. Ninguna relación sobre su cultura, sobre su forma de vida o sobre su estructura organizativa. No se proyectaban imágenes ni se hacía alusión a sus costumbres o a su vestimenta. Por eso, al ser difundida la imagen de un ser pequeño, totalmente calvo, de color amarillento, cubierto solo con un tapa rabos, con las manos en alto y gritando paz, había despertado enorme expectación. Una curiosidad que no se limitaba únicamente al regimiento 51 donde iba a ser juzgado sino que llegaba hasta el último rincón de la estructura organizativa del Estado D.

La propaganda de todos los estados integrados en la Federación había trasmitido telepáticamente la imagen del invasor a toda la ciudadanía, desde los centros de formación y adoctrinamiento hasta los lugares de control del trabajo de los aparatos robotizados. Todas las mentes tenían en su chip telepático la imagen del invasor, su grito de paz y la fecha de su procesamiento. Toda la ciudadanía de todos los estados federados en el gran Estado D estarían informados telepáticamente del proceso que se iba a desarrollar contra el invasor.

Solo hacía un año desde que se celebró el último juicio, el 99 99 99. No era mucho tiempo, era lo habitual entre juicio y juicio. En el Estado D se hacían muy pocos juicios porque las normas eran respetadas por toda la ciudadanía y cuando había alguna desviación era captada por el ojo visor y era sancionada por el agente ejecutor según el código de faltas y sanciones recogidas en el estatuto general del comportamiento ciudadano. Por eso los juicios siempre despertaban enorme expectación.

El 99 99 99 fue muy novedoso. Aún quedaban secuelas de su repercusión entre la ciudadanía. Se tardó mucho tiempo en definir cuál debía de ser la naturaleza del acusado. La situación era rara, porque el 99 99 99 era un simulador sin ninguna duda, pero era un simulador en la fase más avanzada para su identificación con el ser humano. No era un ser humano porque no estaba identificado con el código de cinco letras y dos números. Tampoco había pasado por las etapas que eran necesarias para la obtención del carné de ciudadanía. Pero tampoco era un simulador normal porque había sobrepasado los límites de la inteligencia artificial. Era un simulador rebelde, pero esa identidad no figuraba en los registros del Estado. Al final se decidió poner al juicio el nombre de su referencia de identificación: simulador científico 99 99 99.

Era el último simulador de la serie de identificación de seis dígitos del apartado científico. A los simuladores humanos se les asignaron seis dígitos en la última década. Y el 99 99 99 fue el último modelo de simulador creado con anterioridad a la batalla del centenario. En el intento de conseguir la máxima identidad con el ser humano se inició en él un proceso de experimentación que comenzó con una clonación exitosa de los órganos vitales. El siguiente paso fue dotarle de los chips receptores de órdenes y los resultados fueron también satisfactorios. Por último se suministró la píldora nutritiva con éxito total: los órganos comenzaron a funcionar.

Con el 99 99 99 alimentado como el ser humano y adiestrado para la recepción de órdenes y la ejecución de las mismas, se procedió a su conexión con el sistema formativo y con el procesado de los datos de obligado conocimiento de los registrados en la memoria histórica

Ahí fue donde se produjo el desajuste por lo que ahora era juzgado. El simulador, una vez recibidos los parámetros formativos, no concluyó con la doctrina oficial como hacían todos los humanos sino que sacó ideas distintas y las dio a conocer. Cuestionó los principios fundamentales del Estado y se atrevió a escribir. No cualquier cosa, había escrito un manifiesto y lo había transmitido por un chip a los humanos. Había utilizado signos gráficos para sortear a los detectores de voz y mantener vivo por más tiempo el mensaje. Y había burlado todo el sistema de seguridad ideológica.

Afortunadamente fue detectado por los servicios de seguridad del Estado con inmediatez y eliminado, pero estuvo en el sistema un cierto tiempo, no se descubrió ni cuánto ni a quiénes llegó. Se supo que sí llegó a los asesores y a los confidentes que fueron quienes lo comunicaron a los servicios de inteligencia, pero no se supo si llegó al resto de la ciudadanía. Su atrevimiento puso en peligro toda la seguridad del Estado. Volver a los signos gráficos sería el mayor retroceso, supondría volver a la interpretación de las cosas, al pasado. Volver al lápiz, a las manos, al papel era un proceso subversivo, clandestino, era un retroceso totalmente inaceptable.

Ningún humano había cuestionado nunca la doctrina del Estado. Ni la doctrina ni la autoridad de los Consejos de Sabios que eran quienes la elaboraban. Desde la fecha en la que el viejo poder cedió la elaboración de las normas y de la toma de decisiones a las personas más sabias de los diferentes estados, nadie había dudado de que ese procedimiento fuera la forma más correcta para evitar los desastres del pasado.

El hecho de que ahora, un simulador se hubiese atrevido a cuestionar toda la ideología creada en la nueva etapa era inaudito. Nadie comprendía que habiéndole suministrado todos los datos sobre las causas de la Hecatombe y la imposibilidad de poner de acuerdo a todos los seres humanos, como se hacía antaño, pudiera resucitar palabras tan dañinas como democracia o libertad.

La gravedad no radicaba solamente en el hecho de que hubiese llegado a conclusiones tan erróneas. Lo más grave y por lo que se le juzgaba fue que lo intentó difundir incluyendo sus postulados a través de la red oficial de propaganda del Estado. Hasta la fecha solo se sabía con certeza que habían llegado postulados al chip cerebral de los asesores y los confidentes, pero una vez alcanzada esta difusión era difícil asegurar que no hubiese traspasado la barrera protectora del primer nivel y hubiese llegado hasta el segundo, el nivel de la ciudadanía. Su temeridad puso en jaque a toda la seguridad del Estado.

Conseguir la unanimidad en el Consejo de los Justos sobre la idoneidad del juicio fue una tarea ardua y difícil. Larga en el tiempo porque las sesiones se hicieron interminables. Y difícil porque las posturas estaban totalmente enfrentadas. Los argumentos eran muy contrapuestos y los criterios de acercamiento tardaron mucho tiempo en dar resultado.

Unos argumentaban que someter al simulador a juicio sería dar verisimilitud a sus argumentos, el simple hecho de tomarlos en consideración sería una debilidad para el Estado. Consideraban que lo más adecuado era tomar la decisión sin que saliera del marco del Consejo y así evitar que los postulados defendidos por el simulador tuviesen más difusión de la que habían tenido hasta ese momento. Optaban por la desconexión inmediata del simulador por el borrado de sus postulados en aquellas redes donde hubiesen sido introducidos y por la suspensión del programa de identidad máxima con el ser humano: 99 99 99.

Otros, con ELhoY 6.4. al frente, argumentaban que el hecho de que el simulador hubiese utilizado las redes del Estado para difundir sus tesis les obligaba a intervenir de forma pública. El Estado no podía ocultar unos hechos que habían llegado a ser de dominio público al menos hasta el primer nivel. Hacerlo significaría debilidad, miedo, y podría animar a otros a seguir un proceso similar en sus razonamientos. Además argumentaban que el hecho de que esas conclusiones hubiesen aparecido en la mente del simulador99 99 99 daba motivos para pensar que también hubiesen podido aparecer en la mente de los humanos y que estos, temerosos de las sanciones que hacerlos públicos llevaba consigo, se callasen. Argumentaban que solo la temeridad del simulador, al carecer de todo tipo de sentimientos, incluido el del riesgo, le había incitado a su manifestación. Por el contrario, si ese mismo tipo de pensamientos anidaban en el cerebro de los humanos, estos, que sí conservaban el sentimiento del riesgo, y ante el temor a las consecuencias, los ocultasen. El juicio era pues necesario, no solo para sentenciar el comportamiento del simulador con una sanción ejemplar, sino también para argumentar ante los humanos los principios sobre los que se asentaba el Estado y el peligro que suponía apartarse de ellos.

Al final el tiempo ganó. Los largos periodos de sesiones del Consejo fueron determinantes pues con el paso de los días el conocimiento de los hechos llegó hasta unos límites difíciles de ocultar. Los debates llegaron a todos los asesores y a los confidentes y su posible filtración por alguno de ellos al resto de la ciudadanía era cada vez más posible.

Con todos los datos en su conocimiento el Consejo de los Justos llegó a la conclusión unánime de que era mejor someter a juicio al simulador y clarificar con una sentencia firme y rotunda cuáles eran los principios sobre los que se asentaba la seguridad Estado, que permitir la circulación de una versión dudosa y cuestionada de dichos principios.

Una vez consensuada la necesidad de juicio y al haber quedado dudosa la naturaleza del acusado, el proceso suscitó una gran controversia entre los propios encargados de mantener la justicia. Los seres humanos no cometían delitos y por lo tanto ni eran juzgados ni sancionados. Y los robots solo cometían errores, en cuyo caso eran destruidos. Y eso les planteó el primer problema: ¿cuál debía de ser el motivo de la acusación? ¿qué delitos se le debían imputar?

Había cometido actos ajenos a las órdenes recibidas como aparato robótico. Los había realizado como consecuencia de un proceso interno de decisión propia y como consecuencia del estado actual de la investigación. Por lo tanto ¿qué era lo que se juzgaba? ¿los actos cometidos por el simulador o el estado actual a que se había llegado en la investigación? ¿Se juzgaba solamente las actuaciones del 99 99 99 o se juzgaba también el proceso seguido por los sabios responsables del equipo de investigación? Porque a la hora de dictar la sentencia habría que hacerlo en función de la naturaleza del acusado y de la gravedad del delito cometido. Había, pues, que sentenciar sobre un acusado de confusa naturaleza y sobre un delito aún no definido. Una sentencia que además debía delimitar el campo de investigación futuro sobre el simulador y el ser humano.

Se estaba fijando la sentencia antes de definir el delito, lo que suponía un enorme desasosiego para el Consejo de justos, nunca había sucedido nada igual. Al final se decidió que el delito del acusado fuese el más grave de los posibles dentro de la legislación del estado, el de rebelión, y que la sentencia tuviese un doble sentido: por un lado hacia el simulador y por otro hacia el equipo de investigación.

Se decidió también que el responsable de la acusación fuese ELhoY 6.4., que el contenido de la sentencia careciese de valor histórico y que su incidencia en la conciencia ciudadana fuese mínima. Lo verdaderamente importante y lo que debería pasar a la memoria histórica sería el discurso final de la acusación. Un discurso que tendría como eje principal el desprestigio de la era anterior y la exaltación de las ideas salvadoras del actual Estado.

Además el Consejo transmitió al de Inteligencia y Seguridad una duda que no fueron capaces de resolver: ¿Sería posible que algunos seres humanos pudieran tener pensamientos similares y los ocultasen para evitar recibir las penas pertinentes? En los seres humanos nunca se habían dado casos de cuestionamiento de las normas fundamentales del Estado ni había habido ningún intento de incitación a la rebelión, pero la duda apareció en el Consejo como una amenaza posible y peligrosa que debía de ser investigada por el organismo competente: el servicio de inteligencia.

El 99 99 99 miraba con descaro. Todos sus movimientos estaban perfectamente sincronizados. Era un simulador perfecto que produjo la duda entre los miembros del tribunal popular que lo juzgaba. Estos tenían una mirada perdida que no decía nada, era una mirada hacia el infinito, una mirada fija, sin brillo, vaga e inexpresiva.

El simulador 99 99 99 tenía brillo en sus ojos, los dirigía a un lado y a otro, era una mirada inquisidora. Además cambiaba al ritmo que marcaba la expresión de su cara. Observando con atención el conjunto de facciones de su rostro parecía querer demostrar a quien le miraba que tenía sentimientos. Es más, parecía querer transmitir felicidad.

La felicidad que se expresó en su cara cuando habló:

— Re-cha-zo a mi de-fen-sor hu-ma-no. De-cid-me de qué se me a-cu-sa. Yo sa-bré de-fen-der-me.

— Tú no puedes defenderte — contesto el presidente del tribunal— No tienes el carné de ciudadano. Además no puedes rechazar a tu defensor porque él es tu dueño. Él siempre habla por ti.

— No es jus-to.

— Tú tampoco puedes decidir sobre la justicia.

— Pro-tes-to.

— Tendrás que estar callado durante el juicio o procederemos a desconectarte de tu función sonora.

— Pues des-co-nec-tad-me, no quie-ro par-ti-ci-par en una in-jus-ticia. Re-pi-to: no quie-ro un de-fen-sor hu-ma-no a-te-na-za-do por el mie-do.

La causa sobre el juicio del simulador estuvo llena de sorpresas. Su irrupción dialéctica fue el primer sobresalto para el tribunal. El presidente estaba en los previos: nombró al acusado y los cargos que se le imputaban, nombró al acusador..., y fue al nombrar al defensor cuando el 99 99 99 irrumpió dialécticamente sembrando el estupor en la sala y obligando al presidente a retirarle la palabra y proceder a la desconexión de su actividad sonora.

Esta actitud del presidente del tribunal fue la primera prueba de que un simulador nunca puede estar a la altura de los humanos. Siempre depende del departamento de investigación que es el último responsable tanto del aparato como de sus actos. Por eso, ante la expectación creada en la sala, concedió la palabra en primer lugar al miembro del equipo de investigación que era quien legalmente asumía la responsabilidad de la defensa.

"Soy el máximo responsable del equipo de investigación del 99 99 99, el último simulador de esta década, y en este juicio inusual me siento, junto a los compañeros del proyecto, también juzgado. El equipo asumió este proyecto con el fin de conseguir el simulador más perfecto posible. Y digo simulador porque en ningún momento en el proyecto está la idea de sustituir al ser humano, esa es la barrera moral que necesariamente debe de ser respetada: nunca un simulador alcanzará la naturaleza de ser humano.

Comienzo así asumiendo la responsabilidad de todo lo acontecido y clarificando el límite que la moral nos dicta y que los órganos máximos de nuestra dirección nos garantizan: el Consejo de Sabios como encargado de elaborar las normas y el Consejo Supremo de la Defensa como encargado de que se cumplan.

Con estos principios felicito al presidente del jurado popular en su decisión tomada de proceder a la desconexión sonora del acusado y pido disculpas por el atrevimiento de un aparato robótico que por muy simulador que sea, siempre, tanto él como todos los humanos han de saber que es solo eso: un aparato robótico. Muy avanzado, eso sí, pero un aparato robótico, dependiente en su totalidad de la voluntad de quien lo está elaborando, el equipo investigador.

Dejados claros los principios de mi intervención vengo a solicitar de este tribunal que la sentencia vaya en dos direcciones:

La primera sobre el hecho por el que somos juzgados el simulador y el equipo investigador. Creemos que hay que someter al simulador a un proceso de reciclaje que evite en lo sucesivo conductas similares a la que ha desarrollado en la última fase del proceso y por lo que está siendo juzgado. Además creemos que el equipo investigador debe fijar los mecanismos adecuados para que sea el propio simulador quien corrija los mensajes de desafecto que se hayan podido producir hasta estos momentos.

Y la segunda, que sobre el equipo investigador recaiga la tarea de revisar, en primer lugar, todo el proceso desarrollado para descubrir en qué momento de la investigación se ha podido cruzar la línea roja que ha quedado fijada al inicio de mi intervención y que, una vez descubierta esa línea roja, se rectifique para que el hecho no pueda volver a suceder. En segundo lugar, que se continúe la investigación sobre los objetivos planteados y con garantías absolutas de que el hecho no se pueda volver a repetir. Asimismo, debo solicitar para todo el equipo investigador que está trabajando en el proyecto que la sentencia no deje ninguna duda sobre su honorabilidad y sobre su buena disposición para lograr los mayores logros para el proceso de mejora y felicidad de toda la raza humana".

Tras la intervención sosegada del defensor volvió la tranquilidad a la sala y el presidente concedió la palabra al acusador, ELhoY 6.4.

"Un juicio inusual reconoce mi antecesor y una situación muy compleja añado yo. Pero si es compleja la situación para la persona que tiene que ejercer la defensa no lo es menos para quien tiene que hacer la acusación. En la intervención del responsable del equipo investigador y, por tanto, de los actos realizados por el aparato robótico, simulador, se deduce, además de su solicitud de clemencia, el reconocimiento de su culpabilidad.

Sobre la parte primera del sujeto juzgado, el simulador, y admitiendo que no es un sujeto independiente del equipo investigador, si se debería este tribunal centrar en la parte en la que no tienen cabida ni el honor ni la voluntariedad: en la del simulador. Como este no va a sufrir ninguna ofensa sobre su honor o su gloria estaría bien que este tribunal dictase en la sentencia la paralización total del proyecto 99 99 99. Solo así la tranquilidad volvería a los humanos pues se despejaría toda duda de que en un futuro inmediato cualquier aparato pudiera estar a la altura o por encima de las decisiones humanas.

En segundo lugar, y sobre el juicio en la parte que corresponde al equipo investigador, corresponsable de los hechos juzgados, como se ha reconocido en la intervención precedente, salvaguardando su total honorabilidad y sin dudar en ningún momento de su honestidad, sí se debería recoger en la sentencia que se tomen las medidas oportunas. Una de ellas podría ser incrementar el número de personas que componen el equipo para facilitar la corrección del error y para evitar que otros similares puedan acaecer en el futuro. Apunto la posibilidad de incrementar el equipo de investigación, no en el sentido de la desconfianza, sino en el sentido de la aportación. Será más difícil averiguar donde han estado las equivocaciones por un equipo formado solamente por quienes las han cometido que hacer esa misma búsqueda por quienes han estado en el proceso con ayuda de alguna persona totalmente ajena al mismo."

Con el simulador desconectado de su actividad sonora y emocional la sala encontró la calma y el proceso siguió por las pautas estipuladas hasta las conclusiones finales. En primer lugar correspondió el turno al defensor, quien concluyó:

"El previo de la sentencia creo que ya ha sido pronunciado: el presidente lo ha escrito con su orden de desconectar la actividad sonora y emocional del 99 99 99. Estamos de acuerdo, creo que es la forma adecuada de comenzar una sentencia que a nosotros, el equipo investigador, nos gustaría que fuese un poco más allá, pero sin llegar a las pretensiones del acusador. Y cuando decimos un poquito más allá, nos estamos refiriendo a que se debería seguir en el proceso de desconexión hasta la eliminación de la memoria histórica del simulador 99 99 99, pero la sentencia no debería cerrar las puertas al equipo investigador a que pudiera en un futuro comenzar el simulador 1 11 11 11, que es el correspondiente de la serie de siete dígitos para la primera década del nuevo siglo, aprovechando todos los avances no constitutivos de delito conseguidos en la fabricación del 99 99 99. De lo contrario sería responsabilizar al nuevo simulador de los errores de su antecesor.

Nos oponemos a que figure en la sentencia una orden para el Consejo de sabios de Investigación. El señalar la incorporación de nuevos miembros por orden del Consejo de los Justos sería una intromisión y una invasión de competencias. Dejemos que el Consejo dicte su sentencia acusatoria que ya sabremos interpretar y asumir los investigadores. Y no es que nos parezca mal, todo lo contrario, ampliar el número de investigadores para descubrir las causas que hayan podido llevarnos a este proceso nos parece correcto, pero esa conclusión nos debe de corresponder a nosotros. El hecho de que haya sido pronunciada en este proceso y de que por nuestra parte haya sido bien recogida debería ser suficiente para garantizar en qué dirección irán los sabios investigadores.

Quiero terminar agradeciendo, en nombre del equipo investigador del 99 99 99 y en el mío propio, la tolerancia y la comprensión que el tribunal ha mantenido en este proceso. Un proceso que comenzó siendo muy peculiar, pero que gracias al buen hacer de todos los intervinientes, y sobre todo a las normas establecidas por nuestro Estado, hemos conseguido que se termine en un ambiente de total normalidad."

Y quedó el juicio visto para sentencia tras la intervención del acusador:

"Nos encontramos en un momento crucial de nuestra era. El juicio que estamos celebrando no es un juicio a una persona ni un juicio a un simulador. Es un juicio a nosotros mismos. Vamos a juzgar si el camino que emprendimos hace cien años es el camino correcto para la supervivencia del planeta Tierra o no.

Hemos superado todos los retos. Primero tuvimos que salvar vidas. Fue una carrera terrible que debíamos ganar al tiempo. Las instituciones gubernamentales de todos los estados abandonaron sus responsabilidades y tuvieron que ser las personas sabías quienes asumieron el compromiso de salvar el mayor número posible de vidas. Las personas sabias fueron quienes salvaron millones de vidas y quienes consiguieron recuperar la vida en el planeta.

Todavía perviven en la retina de quienes ya somos centenarios los durísimos años de la reconstrucción. En la primera década vimos morir a cientos de millones de personas por no llegar a tiempo con los equipos de salvamento. Las imagines que se transmiten, generación tras generación, en los centros de educación y adoctrinamiento deben ser recordadas en mementos como este, cuando se difunden doctrinas que ponen en peligro nuestra existencia.

Después tuvimos que salvar el planeta. Parecía imposible que después de la nefasta gestión de la política en el final de la era anterior se pudiera lograr.

Al hablar de la nefasta gestión de la política me estoy refiriendo a la política de los dos bloques, en ambos, el modelo de sociedad era un modelo caduco y autodestructivo. En ambos bloques, sus máximos dirigentes estaban acusados, cada uno por la parte contraria, de crímenes contra la humanidad. Lo cierto es que ambos tenían razón en su acusación. Los dirigentes de los dos bloques en los que se había configurado el mundo antiguo eran criminales de la humanidad.

El segundo gran reto que tuvimos que superar fue el de la regeneración ciudadana. De unos seres humanos que se destruían a sí mismos hemos pasado a personas que se respetan y que viven en condiciones igualitarias. Todos los humanos en todos los países del Estado D tenemos la misma alimentación: la píldora nutritiva, el suplemento líquido y el día semanal de la alimentación complementaria. Tenemos una dieta equilibrada en proteínas, grasas, hidratos de carbono y vitaminas. Todos tenemos la misma distribución del tiempo, las mismas fiestas nacionales y el mismo descanso. Todos los humanos en cualquier Estado de la Federación tienen un lugar idéntico donde vivir, unos vestidos adecuados a la climatología para proteger su cuerpo, un tiempo de cultivo del cuerpo y de la mente, un momento en su vida para visitar las zonas recreativas, y sobre todo, ahora no importa el color de la piel ni el lugar de nacimiento ni el sexo: todos somos iguales. Antes se competía por los alimentos y la energía en todas las partes del planeta, ahora todo es de todos.

Ahora, en nuestro Estado, el índice de mortalidad está adecuado al índice de natalidad. El noventa por ciento de las muertes se producen en la batalla anual de la defensa del Valle. Corresponden a personas mayores, de más de cien años, y con un estado muy avanzado de su enfermedad degenerativa. Solo un diez por ciento es debido a muertes accidentales, no sujetas al control de la guerra. En la etapa infantil la mortalidad es de cero.

Y lo más importante: está garantizada la seguridad del planeta. El armamento atómico desapareció con el acuerdo de mínimos alcanzado entre los equipos de sabios de las dos partes que sobrevivieron al desastre. El clima se ha estacionado y paulatinamente, gracias a los avances de la ciencia y la paleontología, se están recuperando especies de animales que habían desaparecido en la era anterior.

Por todo esto en este juicio no se discute solo si se desconecta o no al simulador. Eso es muy fácil, se hubiese podido hacer sin necesidad de celebrar el juicio. Igual que nuestro departamento de investigación tomó la iniciativa de producir un simulador tan perfecto que casi se pudiera identificar con el ser humano, igualmente, y desde el mismo departamento, se pudo tomar la decisión de dar marcha atrás con el programa iniciado por no ajustarse a lo que inicialmente estaba previsto. Pero no, se tomó la decisión de celebrar este juicio porque las ideas aparecidas en la mente del simulador pudieran aparecer también en la mente de algún ser humano. Y si es así, si aparecen ideas similares en la mente humana a las aparecidas en el simulador, está sentencia ha de servirles también de disuasión. De ahí que la sentencia de este juicio sea también la sentencia a nuestra era. Desconectar al simulador será también desconectar cualquier intento de cualquier ser humano del regreso al pasado.

Concluyo manifestando que este juicio será extraordinariamente interesante para la posteridad porque todo quedará grabado para la memoria histórica del Estado".

Sentencia

El presidente del jurado popular leyó la sentencia:

"Este jurado considera que el 99 99 99 no tiene naturaleza humana para ser juzgado y en consecuencia no puede ser condenado a ninguna pena de forma directa. Tendrá que aceptar las consecuencias de la condena a que sea sometido su responsable humano. Consideramos al equipo de investigación como el único responsable con naturaleza propia para poder ser juzgado. Sobre el equipo recae la siguiente sentencia: en primer lugar el equipo de investigación tendrá la obligación de restituir el daño ocasionado por la distribución de propaganda desafecta con las normas del Estado. Esta restitución del delito lo hará en colaboración con los servicios de inteligencia. Consistirá en detallar minuciosamente las conexiones equivocadas de los circuitos portadores de las tesis erróneas y su forma de corrección. Se incidirá en la demostración científica de las normas fundamentales del Estado y se dará una difusión al menos tres veces superior a la que supuso la expansión de las ideas nocivas.

El equipo de investigación procederá a la desconexión total del 99 99 99. No se guardará ningún ejemplar en el archivo de la memoria del Estado. Se anotará como un proyecto que fue suspendido por no cumplir todos los objetivos diseñados en el mismo. Se recomienda al equipo de investigación que los aspectos positivos que puedan haberse conseguido durante la fase en que estuvo activo el 99 99 99 puedan ser tenidos en consideración en la investigación del futuro simulador, que según sus testimonios tendrá la denominación de 1 11 11 11 y será un avance importante para dar comienzo al nuevo siglo. Este jurado no aprecia ningún delito ni a título personal ni colectivamente de los miembros del equipo de investigación. Toda la responsabilidad recae en el desarrollo de su actividad investigadora y a las propias normas del Estado. Este jurado tampoco entra a opinar sobre su composición actual o futura por ser competencia propia y de las normas del Estado".

Después de lo sucedido en el último juicio, este del Invasor se presentaba sencillo: había un acusado de naturaleza clara y el delito atentaba contra los acuerdos con el Estado I. El invasor era un ser humano, no había ninguna duda después del proceso de identificación llevado a cabo. Había respondido correctamente al proceso de evolución nutritiva y al test cerebral de respuestas sobre el razonamiento exclusivo del ser humano. El delito era de espionaje, que era el más grave que se podía cometer. Además entre los acuerdos con el Estado I no había ninguno que hiciese referencia al intercambio de prisioneros. Entre otras cosas porque nunca había habido prisioneros ni se contemplaba la posibilidad de que los hubiese en algún momento. Todo apuntaba a un juicio de naturaleza excepcional, digno de pasar a los apartados de la memoria histórica.

El acusado

En el juicio del invasor la naturaleza de la persona juzgada estaba clara. El acusado fue identificado como Lao.Tse. Chi. que era la grabación que figuraba en su mano derecha como documento acreditativo.

Fue detenido por la celda nº 117 perteneciente al Cuartel 107 del Regimiento 11 en colaboración con las celdas 118 y 116 del mismo cuartel y del mismo regimiento, el día cinco del mes sexto después de la batalla del Centenario.

Se presentó con el chip traductor que capacitaba la comunicación entre los miembros de los dos estados y siempre con las manos en alto. Fue trasladado por la controladora de la celda 117, del servicio de seguridad del Estado, hasta las dependencias de custodia preventiva de la Ciudad de la Justicia. Fue encerrado en la cárcel número uno de la Ciudad de la Justicia. Aislado e incomunicado. Durante los treinta días de su estancia en la celda preventiva solo recibió las visitas de un simulador y del Presidente de este tribunal. El simulador le suministró todos los días la píldora nutritiva y el acompañante líquido y le controló sus órganos vitales. El Presidente le comunicó su condición de acusado y le leyó sus derechos como ser humano.

Para certificar su condición de humano fue sometido a un proceso de identificación consistente en:

1º.-Exploración de su aparato musco esquelético.

2º.-Funcionamiento de órganos corporales.

3º.-Suministró de píldora nutritiva y de líquidos necesarios.

Lao.Tse. Chi. sabía mirar. Lo hacía de una manera desconocida en el Estado D. Desde su aparición sus ojos se quedaban fijos en los de su interlocutor sin que este lo pudiera evitar. Elisenda lo descubrió desde el primer momento. Desde que apareció en la orilla del río frente a su celda ella supo que el invasor miraba de una forma especial. Al mismo tiempo que le dijo su nombre y su deseo de paz, los ojos del invasor se clavaron en los suyos. Lo hicieron de una manera tan intensa que sus repetitivas frases parecían tener un sentido añadido a lo que su pronunciación significaba. Eso la confundió aún más en su forma de proceder. Esa mirada tan intensa produjo en la mente de Elisenda una doble sensación, por un lado de incomodidad —ella no estaba acostumbrada a mantener la mirada fija y por eso la apartaba con precipitación y nerviosismo—, por otro lado su mirada era tentadora y la invitaba a seguir ese juego intrigante y peligroso a la vez. Elisenda creía entender más de lo que las frases del invasor le transmitían y percibía la sensación de que el propio invasor también obtenía más información sobre ella que lo que de sus frases se deducía.

Conocía muy bien la norma, pero los ojos del invasor le decían que tenía que esperar. La duda se apoderó de ella y fue incapaz de tomar la decisión correcta en el tiempo estipulado. Tuvo que esperar, pedir ayuda. Lo hizo. Pidió ayuda a Eloína y cuando ella llegó se dio cuenta de que los ojos del invasor se fijaban en los de Eloína con la misma brutalidad que se habían clavado en los suyos. Se dio cuenta de que también su amiga se ponía nerviosa y tampoco era capaz de decidir inmediatamente la aplicación de la norma. Eloína le mandó esperar, tenía que hacer una consulta a ELhoY 6.4., le dijo, pero la notó nerviosa y solo después de la consulta y cuando ya la celda 116 se había acercado al lugar de los hechos cumplieron con la norma y llamaron a la Seguridad del Estado.

Nada se sabía sobre el comportamiento de las personas del Estado I. El invasor se comportaba de una forma totalmente diferente a lo estipulado en el Estado D. Frente a la norma de no mantener fija la mirada más de tres segundos, él hacía todo lo contrario: no pestañeaba ni apartaba su mirada de su interlocutor.

Cuando el invasor se sentó en el banco de los acusados sus ojos fueron un campo de batalla. Se dirigían a sus interlocutores de una forma inusual. Primero hacían un recorrido rápido, pero inquisidor, sobre todos los asistentes, como si quisiera tener un panorama global de la situación. Después se fijaba con tanta intensidad en cada uno de sus interlocutores que conseguía amedrentarlos.

Su mirada aparentaba una serenidad desconcertante. No parecía sentir preocupación por las acusaciones de que era objeto ni sentir temor por el resultado de la sentencia. Parecía que se burlarse de todos porque su mente se encontrarse en una dimensión superior. Para los miembros del tribunal era un bicho raro: una persona pequeña con unos rasgos físicos diferentes y con una personalidad que no se ajustaba a la norma. Un bicho raro que les miraba a los ojos y los ponía nerviosos.

Los miraba con tanta intensidad que los desnudaba por dentro. Se sentían observados en lo más profundo de sus pensamientos y tenían la sensación de que las frases que pronunciaban eran captadas por él un instante antes de ser pronunciadas. Por la placidez de su cara se percibía que conocía los pensamientos antes de que saliesen por su boca. El invasor aguantaba tanto tiempo su mirada que provocaba que su voz temblase. Parecía que no tenía otra misión que la de observar. Y lo hacía con una precisión milimétrica, como si fuese una cámara que estuviese dispuesta a recoger todas las sensaciones de la persona a quien miraba.

Solo el presidente del tribunal le aguantaba la mirada y le respondía con el mismo sosiego. La complicidad de sus miradas quedó reflejada desde el primer momento. ELhoY 6.4. solo visito al invasor una vez antes del juicio. Fue un acto protocolario:

— Se le acusa de espionaje. Tendrá los mismos derechos que cualquier ciudadano del Estado D.

Lo hizo en un tono de voz lo suficientemente alto como para ser escuchado por quienes le acompañaban y por los sensores de la prisión. El invasor no pronunció palabra alguna, solo asintió, pero como hacía con todos sus interlocutores le clavó una mirada tan profunda que descubrió en él mucho más de lo que sus palabras aportaron. Notó que era la única persona del estado D que le aguantaba la mirada en sus mismos términos. Sintió que a él también le adivinaba el pensamiento. Por eso, al despedirse pronunciando la frase:

La confianza te salvará.

Tan suave que no pudo ser captada ni por los simuladores acompañantes ni por los sensores de la prisión, quiso adivinar su complicidad.

El Consejo de Justos debatió entre las dos propuestas presentadas por EloY 6.4. La primera consistía en su devolución al Estado I con la etiqueta de desertor. La segunda, ser juzgado por un tribunal popular.

Tras un corto debate y por unanimidad el Consejo se inclinó por que lo juzgara un tribunal popular. El argumento que más pesó en la decisión del Consejo fue el manifestado por ELhoY 6.4.: Si uno de los nuestros cometiese el mismo acto de traición, ¿qué desearíamos nosotros, que fuese juzgado allí o que nos lo devolviesen para que lo juzgásemos aquí? Que nos lo devolviesen para juzgarlo nosotros, para que confesase las razones que le llevaron a la deserción y que nos confesara con quienes trabaja y como están organizados, se contestó a sí mismo. Luego si esas son nuestras pretensiones es lógico suponer que las de ellos sean iguales. Luego no les vamos a dar esa satisfacción, porque ellos, en una situación parecida, no nos la darían a nosotros. Concluyó.

Descartada la primera opción se optó por el juicio ante un tribunal popular con la acusación de espionaje. Y así se le comunicó.

El jurado popular y el repartidor de escafandras

ELhoY 6.4. antes de llegar a ser el presidente del Consejo de los Justos y ocupar el segundo lugar de privilegio en el Consejo Supremo de la Defensa había desempeñado puestos de responsabilidad en numerosos Consejos de Sabios.

Desde que a los quince años su padre, el último premio Nobel de física de la antigua era, le nombrase su ayudante personal inseparable en las tareas de reconstrucción del Estado Este Centro, su vida estuvo dedicada a la resolución de problemas y a la toma de decisiones.

Sólo tenía quince años, pero parecía que era ya un adulto. Fue de los primeros en pasear por las calles con el equipo de supervivencia. Un equipo que les unificaba en la responsabilidad, en la solidaridad y en la madurez. La escafandra y la botella de oxígeno les hacía libres y les llenaba de responsabilidad y de angustia. De responsabilidad porque eran unos privilegiados y de angustia porque de su celeridad dependían las vidas de los humanos.

Desde que su padre le puso el adorno en la cabeza, la botella de oxígeno en la espalda y le nombró su ayudante de máxima confianza fue un ciudadano adulto. Nunca podía olvidar a su padre ni al zulo de la universidad que compartió con él, donde descansaban cuatro horas diarias, donde comían cuatro veces al día en un tiempo record de cinco minutos y donde organizaban el reparto. Él no era un repartidor más, era el repartidor en el que confiaba su padre.

La fabricación de escafandras y botellas de oxígeno fue la prioridad de los primeros días y su padre fue quien asumió la responsabilidad. Era premio Nobel de Física, su investigación sobre supervivencia en situaciones extremas había sido la causa para recibirlo, ahora tenía la obligación de salvar vidas. Todas las empresas que no fueron destruidas por el ataque y que se pudieron adaptar a la producción de escafandras y botellas de oxígeno se pusieron a trabajar durante las veinticuatro horas del día en todo el Estado D.

Su padre tuvo la responsabilidad de conseguir equipos de supervivencia y él la de aportar un granito de arena en su distribución. Llegó a tiempo para salvar muchas vidas, pero no pudo llegar a tiempo para salvar la vida de las personas que más necesitaba. Su madre y su abuela no encontraron a tiempo el equipo de salvación. Cuando llegó al pueblo donde se habían instalado ya fue demasiado tarde. Los daños ocasionados por la radioactividad habían dañado su cuerpo y a pesar de todos los esfuerzos que hizo su padre por su curación solo pudieron resistir dos años.

Lo que sí resistió fue la inmensa biblioteca del pueblo. A pesar de tener solo quince años, había dedicado tanto tiempo a la lectura que tenía en su cabeza la mayoría de los libros y conocía el lugar que ocupaban en las estanterías de la biblioteca. Un lugar idílico donde se escondía desde que aprendió a leer por el método de la transmisión telepática. Su abuela se lo había enseñado, los pensamientos que ella tenía encerrados en su cerebro se los trasmitió a su nieto por el contacto de las células de su frente y el aparato conector que unía sus cerebros.

No solo aprendió a leer a una edad muy temprana, sino que aprendió a hacerlo a una velocidad inusitada. Leía los libros y los consultaba con su abuela. Cuando sus frentes se juntaban las corrientes neuronales de sus cerebros se conectaban y así ELhoY 6.4. pudo acumular un enorme conocimiento del mundo antiguo. Un conocimiento que le llevó muy pronto a ocupar un puesto destacado en un Consejo de Sabios.

El Consejo de Jóvenes Sabios Universitarios fue su estreno. Y su reto definitivo la transformación de la universidad en un nuevo marco de adiestramiento formativo. Fue el segundo año después de la Hecatombe, cuando hubo que reconstruir todos los cimientos de la formación de la niñez y la juventud.

Pasó por muchos Consejos de Sabios, pero el que le encumbró a una posición de máximo poder fue el Consejo de Sabios Investigadores y su jefatura en el departamento de Investigación Antropológica. La ciudad de la Agricultura dependía de su departamento y desde ella supo modernizar la producción agrícola del valle para dar satisfacción a todas las necesidades alimenticias complementarias al sistema básico de nutrición.

El descubrimiento más sorprendente fue la alimentación de las plantas a demanda: un complejo sistema nutritivo por medio del cual la planta absorbía únicamente los alimentos que necesitaba. Un sistema alimentario que tuvo su complemento en la uniformidad de planta: solo se alimentaba la que era objeto de cultivo. Con la modernización del Valle se consiguió que los productos agrícolas recolectados en la región sirviesen de alimento para toda la población de los estados integrados en el Estado D.

Además, para ELhoY 6.4. la jefatura del departamento de Investigación Antropológica supuso su encuentro con Eloína y su estabilidad emocional e ideológica. Porque desde ese momento toda su filosofía se estabilizó y su doble personalidad dejó de atormentarle. Ella le proporcionó la claridad mental necesaria para saber cuándo debía ser el sabio ambicioso en su ascenso hacia el poder y cuándo el sabio justo renovador y transformador hacia la sociedad igualitaria.

Ella fue la musa inspiradora del discurso que le elevó al poder. Porque no hubiese podido llegar a ser el número dos dentro de la estructura de poder del Estado D si no hubiese conseguido llegar a ser el Presidente del Consejo de los Justos. Y no lo hubiese conseguido si no hubiese pronunciado el famoso discurso de acusación en el juicio contra el simulador 99 99 99.

A ELhoY 6.4. como presidente del Consejo de los Justos le correspondió presidir el jurado popular que se iba a encargar de dictar sentencia sobre el invasor. Él tendría que tomar la última decisión sobre el futuro del invasor en el supuesto de que en el jurado popular no se consiguiese la unanimidad y hubiese que dirimir un desempate en la votación.

El jurado popular constaba de otros veinte miembros: los seis (tres hombres y tres mujeres) con más edad en el Consejo, ocho (cuatro hombres y cuatro mujeres) por sorteo entre los asesores y los seis restantes (tres hombres y tres mujeres) por sorteo entre los confidentes.

La acusación

El acusador estaba incómodo ante esa mirada tan persistente. Le hubiese gustado llamarle al orden, obligarle a que sus ojos se dirigiesen hacia el suelo, a que no permaneciesen más de tres segundos posados en su cara, pero la norma del tiempo de la mirada no afectaba a los invasores. Por eso su discurso no era fluido, no conectaba correctamente las frases y a veces hasta se trastrabillaba.

"Estamos ante un hecho insólito, en los cien años de la nueva era nunca se ha dado una situación de estas características. Nunca una persona enemiga se había atrevido a cruzar el río y presentarse ante nosotros para ofendernos. Porque lo que ha hecho el acusado es una terrible ofensa. Ha venido disfrazado de cordero, aparentando buena voluntad, para espiarnos, conocer nuestras debilidades y aprovecharlas para conseguir ventajas en las próximas batallas.

Espía, esa es la acusación que presentamos contra el invasor. No hay nada más que ver cómo nos mira. Parece que quiera adivinar nuestros pensamientos. Por lo que pido a este tribunal que antes de continuar con este juicio se someta al acusado a una prueba para determinar sus poderes hipnóticos. En esa misma prueba pido que se investigue si su cerebro tiene capacidad para transmitir las imágenes de lo que sucede en esta sala al Estado I".

El presidente del tribunal interrumpe al defensor y manifiesta ante la sala que el acusado ha pasado por el departamento de Seguridad del Estado y que ha sido sometido a todas las pruebas requeridas de control de la actividad cerebral. El defensor prosigue.

"Sé que no se puede exigir al acusado que no fije su mirada en mi rostro más de tres segundos, pero sí quiero que sea considerado como agravante, puesto que su persistente mirada es un hecho más de su constante espionaje. Sí, me siento espiado por este ser cuya mirada pegajosa me perturba.

Me sobrepondré a esta forma insistente de mirarme para enumerar cronológicamente los hechos. Se presentó en nuestro Estado al amanecer del día cinco del mes sexto después de la batalla del Centenario ante la celda 117, pronunciando esta frase: Me llamo Lao-Tse y quiero paz.

Una sola frase pronunciada ante la celda 117 y repetida machaconamente todas las veces que ha sido interrogado. No ha dicho nada más ante las preguntas del departamento de inteligencia. Parece que su objetivo es captar, recoger información y transmitirla a través de un sistema informático que posiblemente nosotros no seamos capaces de detectar.

Se presenta en nuestro Estado solo seis meses después de la gran batalla. Después de haber recibido su mayor humillación en lo que llevamos de la nueva era. Debemos recordar que dejamos a descansar para la eternidad en sus campos el mayor número de personas de nuestra corta historia. Se presenta solo, lo que indica que el riesgo que pretenden asumir con su espionaje es mínimo. Y se presenta con una sola arma: su mirada. Un arma que me inquieta y que debe de inquietar también a los miembros de este tribunal. Debemos descubrir qué se esconde detrás de esa mirada porque estoy seguro de que hay algo peligroso para el futuro de nuestro Estado. Para lograr descifrar el motivo de su espionaje llamo a declarar a la celda 117".

Testigos

Estaba nerviosa a pesar de que esa noche había recibido la visita embriagadora de Eloína. Pensaba en el juicio y en la responsabilidad que asumía con su declaración. Eloína se lo notó y por eso no quiso dejarla sola.

Ambas tenían mucho deseo acumulado. Desde su separación habían vivido un tiempo de dudas. El miedo a no volver a verse les había tenido en vilo durante una semana. Se reconocieron nuevamente en una noche mágica. Sin prisa, sin miedo a ser sorprendidas por la controladora y sin ningún resquicio de dudas disfrutaron de sus cuerpos en el habitáculo de la cuarta planta que a Elisenda le asignaron en el edificio de la Armonía de la ciudad de los confidentes del regimiento 51. Pasaron todo la noche disfrutando de sus cuerpos sin necesidad de utilizar el chip del pensamiento alternativo, pero tuvieron que activarlo cuando se pusieron a preparar su testimonio en el juicio contra el invasor. Ella lo había practicado ya con ELhoY y ahora lo tenía que hacer con Elisenda

Eloína llevaba mucho tiempo conviviendo con el chip oficial y el alternativo. Sabía perfectamente cuándo debía utilizar el uno y cuándo el otro. Elisenda apenas llevaba una semana con el alternativo instalado en su cerebro y tenía miedo a que pudiera jugarle una mala pasada precisamente el día más trascendente de su vida

Elisenda estaba nerviosa a pesar de que Eloína le regaló una noche de ensueño. Fue la primera vez que compartieron lecho en una cama grande, que compartieron el agua relajante en un recipiente tan inmenso en el que pudieron estirar sus extremidades al mismo tiempo y la primera vez que se amaron sin miedo.

— Es la primera vez que voy a asumir mi responsabilidad como ciudadana clandestina y no puedo evitar estar nerviosa.

— Mírame siempre antes de hablar. El recuerdo de esta noche será tu píldora relajante.

— Lo sé, pero no me preocupa lo que me pueda suceder a mí, me preocupa el futuro de ELhoY, el tuyo y el de todo el proyecto.

— Por eso todo irá bien, lo sé por experiencia. A mí me sucedió lo mismo la primera vez que asumí el compromiso de formar parte de la responsabilidad colectiva, pero los ojos de ELhoY siempre me guiaron por el camino correcto. Él siempre mira a mis ojos. Y yo siempre miraré a los tuyos.

Los ojos de Elisenda se clavaron en los de Eloína que aprovechó su mirada para acercar su boca y dejarle un beso en la frente.

— Mírame y recuerda esto.

— Lo recordaré.

Elisenda aguantó con dulzura la mirada del invasor, la había aguantado ya en su primer encuentro. Había algo en la profundidad de sus ojos que la ofrecía confianza, durante el tiempo que permanecían con su mirada quieta, ambos notaban que se transmitían sensaciones. Y las sensaciones que percibían no eran de nerviosismo ni de dudas, eran de relajación y de esperanza.

Por eso, cuando fue llamada por su nombre por el acusador, se levantó tranquila, se dirigió al atril de los testigos y se dispuso a responder a las preguntas según lo que el chip del pensamiento alternativo le transmitía.

— ZaHIR 2.7.

— Sí.

— ¿Cuál es su puesto en la defensa del Valle?

— Celda 117del Cuartel 107 del regimiento 11.

— ¿Qué sucedió en la noche del día cinco del mes sexto después de la batalla del Centenario?

— Apareció un hombre subido en una lancha con el motor apagado y se acercó hasta la orilla con los brazos en alto. Dejó su lancha varada y manteniendo los brazos en alto se acercó hasta la posición que yo defendía.

— ¿Y qué le dijo?

— Me dijo: Me llamo Lao-Tse y quiero paz.

— ¿Qué respondió usted?

— No respondí. Acerqué mi espada a su cuello, activé el microchip de emergencia y esperé las instrucciones de mis superiores.

— ¿Alguien más estuvo en contacto con el invasor?

— La celda 118, a quien pedí ayuda, llegó unos minutos después.

— Intercambió usted alguna conversación con el invasor.

— No. Él siempre repetía lo mismo y yo nunca respondí.

— ¿Qué repetía él?

— Me llamo Lao-Tse y quiero paz.

— ¿No pronunció ninguna palabra más?

— No, siempre repetía lo mismo.

— ¿Cuándo llegó la celda 118 qué sucedió?

— Me ayudó a mantener retenido al invasor.

— ¿Y la celda 118 le dijo algo al invasor?

— No, las dos nos limitamos a esperar las órdenes.

— ¿Hubo más personas que mantuviesen relación con el invasor?

— La celda 116 acudió unos minutos después cuando en su recorrido nos diviso.

— ¿Y dijo algo la celda 116?

— No, se limitó a colaborar y a esperar las instrucciones.

— ¿Qué hicieron después las tres celdas?

— Custodiar al invasor hasta la llegada de los equipos de Seguridad del Estado.

— No tengo más preguntas. Puede regresar a su sitio.

Cuando Elisenda volvió a su banco de testigo, todos sus miedos habían desaparecido. Sus ojos se posaron en los de Eloína y entendió lo que le decían: has estado perfecta. Y lo estuvo. Lo estuvo porque desde su atril, donde debía contestar a las preguntas del acusador, tenía una visión perfecta del banco donde estaba sentada Eloína. La mirada de Eloína penetraba en su mente como la luz que aclaraba todos sus pensamientos. Entonces acudía a su mente la frase correcta y de su cuerpo desaparecía el nerviosismo y la duda.

La desconocida

Hasta que el presidente del jurado popular la llamó a testificar, la celda 116 no tuvo nombre.

Era la 116, llegó el mismo día que yo, en el mismo aparato volador y su paracaídas se activó tan solo un minuto antes. Pero en quien me fijé fue en la 118. Eloína me clavó sus ojos en el mismo momento de mi llegada. Me miró por más tiempo del permitido y me desconcentró. Cuando me repuse acepté el reto de su mirada y desde entonces para mí solo existió la celda 118.

La 116 existía. Como existía la 115 y cada una de las celdas diseminadas por la orilla del río. Alguna vez pensé en ella durante el tiempo de vigilancia, incluso llegué a divisar su silueta paseando entre la niebla, pero nunca mis ojos se dirigieron a los suyos ni mi mirada a esa siluerta desconocida duró más de tres segundos. Tampoco tuve intención de coincidir con ella en el punto de encuentro ni de intercambiar palabras o saludos. Era la vecina desconocida.

Sabía que estaba y me la imaginaba como la perfecta cumplidora de todas las normas que marcaba el Estado. Por eso cuando apareció el invasor, y después de consultar con Eloína todas mis dudas, la esperé en el punto de encuentro para cumplir estrictamente el protocolo. Fue la primera vez que observé su silueta. Solo su silueta porque ni me fijé en el color de su piel ni en la largura de su pelo o en la rugosidad de su cara.

Cuando el presidente del tribunal mandó acercarse a testificar a la defensora FiHNa 4.7. supe su nombre.

La celda 116, ya con nombre, testificó sin tener nada que ocultar, ella solo sabía que el proceso había seguido su protocolo reglamentario y así lo manifestó. Por primera vez percibí el tono de su voz, me detuve los tres segundos reglamentarios a observar el color de su piel, el contorno de su figura, el tamaño de su melena y el brillo de sus ojos. Eloína también la miró y FiHNa 4.7. empezó a formar parte de nuestras vidas.

La defensa

Al defensor también le intimidó su mirada, pero menos...

Al principio tener unos ojos fijos clavados en los suyos le produjo un cierto nerviosismo, pero a medida que Lao.Tse. Chi. fue respondiendo a sus preguntas se contagió de la dulzura y de la sabiduría que emanaba de su rostro. Entonces él captó la bondad que se desprendía de esa mirada y fue asimilando las ideas que el acusado utilizaba en sus respuestas para diseñar su estrategia final. También influyeron en sus argumentaciones las respuestas que a sus preguntas dieron las tres personas que testificaron sobre los hechos. Ambas manifestaron un grado de simpatía hacia el invasor impropia de personas que se consideraban enemigas. Por todo ello concluyó con unas alegaciones finales en las que trató de demostrar su inocencia y en consecuencia pidió su absolución.

"Nos encontramos ante una persona que ha cruzado un río, que ha arriesgado su vida por una idea y que nos mira a la cara. Lo hace con una mirada limpia que ofrece confianza.

Me he comprometido con la defensa de esta persona porque yo también tengo una idea. Ya sé que está muy mal tener ideas, pero yo estoy muy enfermo, quizá sea el más enfermo de cuantos quedamos en este regimiento. Tengo más de cien años, pero no sé cuántos más.

Sé que tengo más de cien años porque las ideas que me vienen a la cabeza son de antes de la Hecatombe y no sé cuántos más porque no puedo averiguar con precisión los años que transcurrieron en la recuperación del planeta y en la reconstrucción ideológica de la nueva era.

Recuerdo ideas de antes de la Hecatombe y estoy totalmente convencido de que eran ideas nefastas, propias de seres que habían elegido el camino de la autodestrucción. No, la idea que tengo en mi cabeza no es volver al pasado, no es la de poner en riesgo otra vez a nuestro planeta. La idea que tengo en mi cabeza es la de avanzar. Toda la tarea de reconstrucción del planeta ha sido la completa regeneración de la raza humana. No voy por lo tanto a poner en cuestión nada de lo que se ha conseguido en la nueva Era.

La idea que se me ha ocurrido es la de meterme en esta pequeña cabeza que tengo en frente de mí. Una persona aparentemente insignificante, pero que ha sido capaz de cruzar el río, de presentarse en solitario ante todo el poder de un Estado D para decir simplemente: basta. Basta ya de guerras. Es hora de buscar una solución al final de nuestras vidas distinta. Un final que no consista en la eliminación en el campo de batalla. Y esa es mi idea: buscar.

Buscar entre todos un final diferente. No tenemos por qué decidir aquí y ahora cual ha de ser ese final. Solo tenemos que pensar. La batalla del centenario fue un éxito. Cierto, pero han pasado cien años repitiendo la misma batalla y no hemos dedicado un momento a la reflexión. La reflexión es lo que nos pide el acusado. Y reflexionar nunca debe ser motivo de sanción porque nunca reflexionar se puede considerar como delito.

Tampoco tenemos que pensar maliciosamente que la persona que hoy sometemos a juicio es un agente infiltrado que pretende la destrucción de nuestro Estado. No tiene ninguna lógica que una persona tan débil como la que tenemos ante nuestros ojos, que sabe que va a ser sometida a un riguroso control físico y psicológico, se presente con intenciones de dominio y de engaño sobre todos nosotros. ¿Qué conseguiría el Estado enemigo si se cambiase el proceso acordado sobre el final de la vida de las personas en este planeta? Es más, si tenemos en cuenta sus declaraciones, él no puede ser un agente infiltrado porque lo que propone va en contra de los intereses de su propio Estado. Los estados son inmovilistas por naturaleza y lo que aquí se nos propone es un cambio radical en los dos estados con respecto al final pactado de la existencia humana.

Pero volvamos a la persona que estoy defendiendo. Seguro que es viejo. Muy viejo, solo tenemos que mirarle a la cara para asegurar que tiene más de cien años, que vivió en el estado enemigo los desastres de la Hecatombe. Seguro que ha participado en numerosas guerras, seguro que estuvo en la del Centenario. Seguro que vivió en el otro Estado el proceso de su reconstrucción. Un proceso del que apenas tenemos noticias. Sería bueno conocer cómo se desarrolló allí la reconstrucción y sería bueno conocer su situación en el momento actual. De todas sus declaraciones solo es seguro que tiene una idea y que es la de acabar con todas las guerras. Eso es lo que en última instancia se debe juzgar aquí. ¿Es peligrosa la idea de querer acabar con las guerras? ¿Es peligrosa la idea de querer buscar formas alternativas al final de la vida humana?

No estamos juzgando a un estado ni estamos juzgando un complot ni estamos juzgando a un espía, estamos juzgando a una persona que no tiene ningún vínculo de poder con el otro Estado. Una persona que ha vivido, que ha sufrido y que quiere colaborar en la mejora de las relaciones entre personas. No se dirigió directamente a un representante legal de nuestro estado como lo hubiese hecho un diplomático sino que lo hizo a través de una persona que como él estaba cumpliendo un servicio. No son relaciones de Estado a Estado lo que aquí se juzga, son relaciones entre personas. Lao.Tse. Chi. se dirigió a una persona, quería contactar con una persona del Estado D, no con una estructura del Estado D. Por eso se le podría considerar traidor en su Estado, pero no en este. En este, la persona que pudiera haber incurrido en el delito de traición hubiese sido alguna de quienes le recibieron, pero ellas actuaron con absoluta lealtad y cumplieron con las normas. Siguiendo con este razonamiento no puede ser una persona traidora a su propio Estado y al Estado enemigo a la vez, porque si traiciona a uno siempre será en beneficio del otro. Por todo esto la defensa considera acertado el haber sometido a juicio a Lao.Tse. Chi. en este Estado, haberlo deportado para que fuese juzgado en el suyo hubiese sido un acto temerario puesto que hubiese significado un acto solidario con un Estado enemigo. La sentencia que mi defendido hubiese recibido seguro que sería la de condena a muerte. No podemos nosotros ser coincidentes en este caso con quien siempre estamos enfrentados.

Por todo lo expuesto debemos considerar al acusado inocente e iniciar un proceso de escucha. Debemos hablar con él, escuchar sus propuestas y conocer de primera mano lo que está ocurriendo sobre la guerra en el estado enemigo. Debemos considerarlo como un representante del malestar social que existe en su Estado y debemos indagar por si algo similar está ocurriendo en el nuestro. La declaración de inocente al acusado es un camino nuevo que no nos debe ocasionar ningún problema sino todo lo contrario, nos debe servir para conocer mejor lo que sucede en el Estado I y lo que sucede en el nuestro.

La acusación

Estamos juzgando a un amigo. Eso es lo que se desprende de la declaración final de la defensa. Un invasor que se ha atrevido a entrar clandestinamente en nuestro Estado con el único objetivo de conseguir amigos. Y lo ha conseguido. Ha conseguido que un ilustre magistrado, una persona culta dentro de nuestro Estado, se haya convertido en su primer gran amigo. Más que amigo, admirador diría yo.

Por las respuestas que hemos recibido de las personas que han testificado parece ser que ellas también han sufrido las consecuencias del hechizo. Sí, hechizo, porque eso es lo que se esconde detrás de esa mirada penetrante, inquisidora y embaucadora. Una mirada que cautivó primero a la celda 117, que contagió después a la 118 y a la 116 y que ha terminado embaucando al ilustre magistrado. Una mirada que si la dejamos impune hechizará a cuantas personas se crucen en su camino. El peligro de su mirada es inmenso, lo ha demostrado en este proceso: las personas que intercambian con él su mirada caen hechizadas si no tienen una base sólida.

Una base sólida de defensa de nuestro Estado es lo que les reclamo en primer lugar. Porque lo primero que tienen que saber ustedes es que no están ahí para emitir un juicio personal sino un juicio de Estado. Es él quien juzga, quien valora si su existencia se pone en peligro manteniendo libre al invasor. Es él quien debe valorar esa mirada hechizadora, quien debe valorar si los efectos producidos tanto en el abogado defensor como en las personas que han testificado pueden ser nocivos para la salud mental de la ciudadanía. Es el Estado quien dicta la sentencia, no la persona.

Por eso lo primero que les pido es que se examinen ustedes por dentro, que se den cuenta de su propia fortaleza. De la claridad y contundencia de sus principios, que repasen el camino que hemos tenido que seguir para mantener la vida en este planeta, que recuerden el sacrificio de todas aquellas personas que lo dieron todo, todo, por mantener nuestras vidas y la vida del planeta, porque todos los sacrificios, todos los esfuerzos y todas las vidas perdidas en todo este largo recorrido es lo que configuran el Estado. Y quiero que se olviden de la mirada del invasor, que la ignoren de la misma forma que la he ignorado yo. En la mirada está la destrucción porque la mirada es el recuerdo del pasado.

No, a mí no me ha hechizado ese rayo penetrante y mortal que sale de sus ojos, que se mantiene como cuchillo cegador que anula nuestras convicciones. Reconozco que al principio su mirada me amedrentaba, me ponía nervioso, pero me sobrepuse, mi fortaleza mental prevaleció sobre su arma mortífera. No he sucumbido, mis principios fueron puestos a prueba y han salido airosos, a mí no me ha convencido este ser que se arrastra lastimero para, a través del engaño y la superstición, lograr la debilidad mental de nuestra ciudadanía. Espero que los miembros del jurado tampoco sucumban ante el hechizo porque de su decisión depende la continuidad del Estado.

No, yo no soy amigo de este ser repugnante, que ha invadido mi casa y que pone en peligro la esencia de nuestro Estado D. No soy su amigo por una sola razón: ser amigo del invasor es sencilla y llanamente ser traidor a nuestro Estado.

Por todo lo expuesto les pido que declaren culpable al acusado, que le condenen y reclamen para él la pena de la muerte indigna.

La sentencia

El secretario del jurado popular pronunció con una voz profunda, serena y alta la sentencia.

"Sobre las bases que se asienta nuestro estado de derecho manifestamos:

Primero. Sobre el principio fundamental de la limitación a tres segundos de la mirada.

Recordamos que es un principio incuestionable de nuestro Estado. Limitar la mirada en no más de tres segundos es fundamental para mantener la mente limpia de los prejuicios del pasado. Solo la mirada interior, nuestra propia mirada nos mantiene limpios y libres de todos los males que arrastraron nuestros antepasados. Compartir por más tiempo del meramente imprescindible el contacto de unos ojos con otros, es introducirnos en el pasado porque en nuestros ojos está todo el mundo anterior.

Por eso el descaro del invasor es su primer delito. El descaro con que el invasor nos ha mirado a todos durante todo el procedimiento es el primer argumento sobre el que se basa la sentencia.

Segundo. Sobre el individualismo.

Nos ratificamos en que fue la causa de los errores del pasado. El individualismo es consecuencia de los sentimientos. Los sentimientos son personales y traen consigo la primacía de lo personal sobre lo colectivo. Pensar en lo personal antes que en lo colectivo fue lo que ocasionó la Hecatombe.

Estamos juzgando a una persona. Un individuo. Una persona que elige lo personal sobre lo colectivo. Por sus propias declaraciones se puede deducir que su objetivo no era negociar con lo colectivo, con la organización del Estado, sino entablar negaciones con otra persona, con un individuo, por eso aparece ante una celda, para hablar con una sola persona. Es un individuo del estado enemigo que pretende introducir el individualismo en nuestro estado. Y esto es más grave que una guerra entre estados porque en estos momentos la guerra entre estados salva la vida del planeta. Los acuerdos de mínimos así lo garantizan, pero la idea de volver a lo individual, aunque sea bajo el lema de la paz, es volver a los sentimientos personales. Y una vez implantados los sentimientos personales no hay ninguna garantía de que se vayan a mantener las reglas consensuadas de conservación del planeta. La garantía de supervivencia global puede ser aniquilada por la satisfacción de los deseos personales.

Tercero. Sobre el principio de la empatía universal y la conservación del planeta.

El principio de la empatía universal está íntimamente relacionado con todo lo anteriormente expuesto. El invasor intentaba empatizar con un individuo, nuestro principio nos dice que lo debemos hacer con el planeta. ¿Qué opinaría nuestro planeta ante el intento de un individuo en contactar con otro manteniendo al margen todas sus necesidades?

Que sería su destrucción.

Luego el principio de garantía de la conservación del planeta nos proporciona argumentos sobrados para condenar al invasor.

Cuarto. De la solidaridad.

El principio de solidaridad es determinante para la gran federación de estados que forman nuestro gran Estado D. Sin la solidaridad no hubiese podido subsistir nuestro estado. Hubiese sido imposible mantener nuestros avances tecnológicos y la producción de los alimentos. Sin la solidaridad no se hubiese podido formar el gran Estado Este Centro que es la base y el sustento de nuestra economía alimentaria.

El invasor es culpable de atentar contra la solidaridad. Primero, de su propio estado atentando contra quienes establecen allí unas normas y después, minando en el nuestro los principios solidarios que nos han caracterizado siempre.

Quinto. Y por último el principio del cumplimiento de los acuerdos de mínimos con el Estado I. Respetamos el acuerdo alcanzado al final de la Hecatombe porque es la única forma de sobrevivir. La utilización de un tipo de armamento que no sea dañino para el planeta y el preservar a la ciudadanía, al menos, hasta los noventa años de su participación en la guerra nos garantizan la tranquilidad de tener un mínimo de vida asegurada. La actitud del invasor es una doble traición a estos acuerdos mínimos, porque ha actuado al margen de su propio Estado y ha pretendido incitar también a la rebelión en el nuestro.

Dejar en libertad al invasor sería abrir la puerta al incumplimiento de todas estas normas. Sería abrir la posibilidad de que cualquiera de nosotros pudiera tener la misma idea insensata que ha tenido el invasor. Sería abrir la posibilidad de que puedan ir a la guerra los jóvenes y que se pueda utilizar todo tipo de armamento. Que se pueda destruir el planeta.

Todas las personas que componemos este jurado popular tenemos más de cien años. Todos hemos participado en la elaboración de las normas que nos garantizan bienestar, justicia social y progreso científico digno y controlado. Todos sabemos el sacrificio y el esfuerzo que hemos tenido que realizar para el cambio de un mundo autodestructivo a otro constructivo y sostenible. Por ello debemos preservar a nuestro Estado D de la amenaza exterior y por ello condenamos al invasor a la muerte indigna.

Todo lo acontecido en este proceso será minuciosamente registrado en la memoria histórica. Se hará una réplica del invasor, un simulador, que permanecerá en el museo de la historia.

ELhoY 6.4., como presidente del jurado popular, ratificó la decisión. Miró fijamente al invasor y dijo:

"El condenado puede elegir la forma de ser ejecutado de entre las tres previstas en el reglamento de ejecución de la muerte indigna:

— Método de la píldora final

— Método de la inyección letal

— Método del precipicio al pozo del olvido".

Y manteniendo fija la mirada en el invasor continuó:

"Tendrá que tomar la decisión en el momento de la ejecución de la sentencia".

A continuación fijó su mirada en ZaHIR 2.7., NAhrA 4.1., y FiHNa 4.7. las tres personas responsables de su detención y dijo:

"En uso de mis competencias como presidente de este jurado popular dictamino como fedatarias del proceso de ejecución de la sentencia a la ciudadana defensora de la celda 117, ZaHIR 2.7., de la celda 118, NAhrA 4.1., y de la celda 116, FiHNa 4.7. Ellas presenciaran todos los actos administrativos hasta el momento final de la ejecución y darán fe de su cumplimiento.

Así mismo, y en uso de mis competencias, encomiendo al Departamento del Mantenimiento de la Memoria Histórica hacer una reproducción perfecta del invasor para ser colocada en el Museo Histórico de la Nueva Era. Doy por concluido este juicio."

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